14 de diciembre de 2011

CRÓNICA DEL DÍA DEL ADIÓS ETERNO.


En mis manos temblorosas ayer reposaba un papel arrugado por los nervios, lleno de palabras que yo escribí. Las leí creyendo que serían bienvenidas por completo pero creo me equivoqué.
Cuando me llegue el momento de sentarme como ellos se sentaron ayer a recibir honores y diplomas y a escuchar palabras dedicadas a nosotros, se que no las voy a escuchar del todo consciente, sean salidas de la boca de una persona querida o por la mitad; igualmente mis oídos no van a registrarlas como un adiós. 
Es duro desprenderse de tantas personas maravillosas que hicieron de mi vida lo que pocos pudieron. Es como que se vaya con ellos parte de mí; y así lo es. Fue un año lleno de emociones, sin duda. Es como si yo también me fuera este año; 365 días de adioses interminables.
Vi en cada cara un dejo de desesperación, de sorpresa, como si todavía no quisieran soltarnos la mano a todos e ir caminando solos. Como si todavía no hubieran hecho las maletas. 


stand by me, la canción perfecta para describir todo este último tiempo.

7 de diciembre de 2011

amor omnia vincit quamvis contraria contrariis curantur.
CRÓNICA DEL DÍA EN QUE ME LO CONFIRMÓ.


Noche. Ruidos. Brisa suave. Teléfonos. Conversaciones. Kilómetros. Frialdad. Desesperación. Amor. Olvido. Pasión. Mugre. Traición. Olvido de nuevo. Te amo. Lágrimas.
¿El fin?
CRÓNICA DEL DÍA DE LA PLANCHA.

Cuando escuché su voz en la cocina comenzó en mi cabeza un rodaje de películas de mi niñéz, pre  adolescencia y actualidad. Era esa misma voz que desde hace 10 años me hace reír y me entiende, como si 43 años de diferencia entre una y otra no contaran; como si fuéramos iguales pero diferentes; como si fuera una madre-confidente que demás está decir, jamás tuve.
Preparó sobre el mueblecito de planchar todo para cumplir con su labor, aquel labor que le desagradaba pero debía cumplir, y por fuerza natural, casi por un magnetismo, me quedé cerca de ella, pegada a la silla para comenzar una de las tantas conversaciones que en mi vida pude mantener con alguien que supiera decirme las cosas como son y a la vez saber cómo se siente ser yo, con 17 años y millones de tropiezos por delante. Le conté, como si fuera una parte de mi consciencia, todas mis tribulaciones, proyectos y cosas comunes y diarias. El día estaba espléndido, los pájaros se decían cosas los unos a los otros parados en los cables de la calle y el césped del patio trasero despedía un olor a bienvenida que sólo en diciembre se huele.
 Ella es mi madre de la vida que me enseñó y sigue enseñándome, inexorable e incansablemente, cosas que dejan de lado toda moralidad que la gente mayor suele cumplir con, probablemente con el temor de que se los trate de poco maduros, como si eso tuviera algo que ver con la madurez verdadera. Curtida en hábitos y cosas de la vida, habló con fluidez y me dijo las cosas al desnudo,  como debe ser. Está en uno si vestir las cosas o no, depende. Me habló de viejas añoranzas y de las nuevas también, aunque las últimas las dijo con un fervor poco antes conocido pero hablando desde el corazón,  son cosas que jamás se van a cumplir, porque me incluyen a mí y mi voluntad no es que se cumplan exactamente. Tuve respuestas a preguntas que creí ofensas pero que no lo eran en realidad. La curiosidad nunca me pareció una ofensa, ni tampoco el preguntar. A alguien sí le parecieron ofensas siempre, desde que aprendí cómo preguntar, como si ciertos temas estuvieran vedados desde siempre o desde que se preguntan, y como si yo fuera dueña de los poderes más poderosos de una  legeremancia ni por asomo mundana supiera que esas cosas JAMÁS de los jamases deberían preguntarse ni mencionarse.
 La amo. Ella sueña con que la persona más importante de su vida y yo volvamos a reírnos, a contarnos las cosas más simples y extraordinarias una y otra vez y que jamás encontremos más confianza en nadie que en nosotras mismas mutuamente, pero mi voluntad no pretende que eso se cumpla exactamente, repito. Deja de lado su esencia adulta para adelgazar, revertir el tiempo y contarme y aconsejarme y volver a vivir lo que yo vivo ahora; ella plancha, ella escucha, ella procesa, ella sueña despierta y me responde. ¿Qué más puedo pedir de una persona en estos tiempos en los que no sé si respirar agitadamente o dejar que todo me importe un bledo y que las cosas sigan su curso puestas en piloto automático?
Fue una catarsis como pocas, una catarsis hermosa y tranquila, acompañada y animada por los parloteos atolondrados de los gorriones de los cables eléctricos de afuera, donde yo no quería estar por miedo a ver la realidad que me toca vivir, la que yo me busqué. Remató la conversación pidiendo que volviera a calentar el agua para el mate, y dándole significado a una frase que yo no entendía del todo hasta hoy: errar es humano aunque perdonar es divino.

6 de diciembre de 2011

CRÓNICA DEL DÍA QUE ME DIJO QUE PARTIRÍA.


Mañana se va para su casa. Una mochila en la que en cada bolsillo rebalsa un recuerdo, incertidumbre de no saber dónde poner el pie y un pasado que deja atrás, que no sabe si revivirlo o dejarlo pudrirse al sol y al calor del tiempo. Quiere amar, quiere odiar, quiere escupir y retorcerse. Quiere olvidar, quiere descansar, quiere sentir.
 En todo este tiempo no se dejó hacerlo; se construyó una coraza de orgullo y constante defensiva y alarma y desconfianza impenetrables. Se pregunta a diario si creer. Se pierde en sus laberintos teóricos, concejos arbitrarios, retazos de vivencias que lo hacen retroceder. Sus pasos son indecisos pero inexorables y fuertes a la vez. 
Se encuentra en su lecho, esperando que alguien lo espere los minutos y las horas interminables que él crea necesitar; se encuentra consigo mismo en el momento en que un temblor de tierra mezclado con dulzura e infinita pluralidad de sentimientos lo hacen conocer la verdadera paz del alma y descartar esa sensación de paz terrenal que él entiende por vaya a saber qué. Yo no puedo descifrarlo y me atrevería a decir que me cansé de tratar.

5 de diciembre de 2011

CRÓNICA DE AQUEL DÍA QUE LLORÓ.


El día llora. Supongo que me quizo hacer compañía cuando se dio cuenta de que, cerca del mediodía, cuando salí un rato al patio, pronostiqué que a las 3.09 pm lloraría mientras fingía dormir siesta en un intento desesperado por estar sola. El sol estaba deslumbrante. Me saludó como todos los días pero no tuvo efecto alguno en la temperatura de mi cuerpo. Me abrazó con fervor pero yo, como toda respuesta, me helé. El proceso empezó el año pasado creo, cuando descubrí cómo se ama a alguien y las posibilidades de herir al que amabas. No lo sé. Últimamente no se nada. Apenas me preocupo por comer y dormir y comerme las cutículas de las uñas. 
Retomando el tema del tiempo, recién me sobresaltó un estruendoso trueno. Estoy en mi habitación entre las penumbras, tratando de refugiarme en este trozo de papel. Por las rendijas de la perciana se ven los árboles danzando al son de los susurros del viento y de los parloteos de la lluvia. Truenos gritan pero no les entiendo nada. Ojalá un día lo pueda hacer, eso de entender a los truenos y su jerga endiablada, porque algo dentro mío me dice que me quieren decir algo. Son gritos aislados, otros agónicos, los de más allá potentes y guturales. Los acompaña una lluvia espasmódica y débil, como si el cielo gastara toda su energía en abrirse e iluminarnos por una fracción de segundo y gritarnos con aullidos desgarradores que no. Simplemente eso, NO. Que no se llore desesperadamente, porque una vez expulsados de la vida, podríamos sumirnos en los más altos cielos y caer en forma de rayos monumentales que partan las cosas en dos porque vivos jamás supimos desgarrar el suelo , erguirnos y seguir amando. Alguien, que no merece que se lo llame así porque en realidad es más que alguien, pero mucho menos que nadie dijo que yo le doy vergüenza. ¿No es curioso acaso que otras personas lleven una cruz con y en nuestro nombre? Será que no tienen tribulaciones suficientes con las que cargar y quieren asumir las ajenas o quizás me quiere demasiado y una forma de demostrarlo es esa, llevando sobre sus hombros un peso que no tiene su nombre, uno de letras consonantes y vocales, que se puede separar en sílabas y que cualquier persona común, diaria, podría llevar. Pero su nombre, su Nombre, se lo da él.
Él mismo, con su grandeza, su humildad y su infinita pasión. 
En mi corta vida conocí a alguien que amara más alocadamente que ese alguien. Quizá exagero, víctima de la falta de experiencia. Quizá dentro de unos años relea esto y de cuenta de que tenía razón con respecto a lo que garabateé justo hoy y ahora, el día en que el día lloró. 

el precio de la libertad.
¿hay alguien acá? se siente bien escuchar sólo el eco de mi voz, aunque en un principio haya pensado que eso me terminaría de desarmar.

1 de diciembre de 2011

You're the night, Lilah. A little girl lost in the woods.
You're a folk tale, the unexplainable

You're a bedtime story. The one that keeps the curtains closed.
I hope you're waiting for me cause I can make it on my own.
I can make it on my own.

It's too dark to see the landmarks. I don't want your good luck charms.
I hope you're waiting for me across your carpet of stars.
You're the night, Lilah. You're everything that we can't see.
Lilah, you're the possibility.


fumar para llorar.


es una sensación repleta de humedad seca la de fumar para llorar. el procedimiento no requiere de gran lucidez mental, solamente consiste en acercar el cigarro a los ojos y dejar que todo pase. es un método interesante para cuando una no sabe si le corresponde el llanto o no; más bien es un cumplimiento de un autocontrato moral, útil cuando sí se sabe quién y por qué se es responsable de que la otra persona esté mal. pero el sentido común, los rincones más escondidos del subconsciente gritan a lo lejos que no hay derecho a derramar ni una sola lágrima. LÁGRIMA.
gotas con considerables raciones de cloruro sódico las elimina cualquiera, hasta en las situaciones más estúpidas, como cuando te golpeás el pie con la cama. la lágrima se siente como la sangre de nuestras heridas interiores, las intangibles. el que llora verdaderamente lo siente, siente como se desprende de sí y se transforma en líquido una parte de él y le duele en todas sus fibras la metamorfosis. por eso a veces debemos cumplir con ese autocontrato que reiquiere un cigarro, un par de ojos y fuego. porque nos sentimos con la necesidad de mentirnos y obligarnos a despedir lágrimas insulsas por más que las verdaderas hace ya tiempo que se hayan evaporado.
yo más bien diría que es lloriquear para no sentirse culpable después y volver a mentirse y decir 'yo te lloré'