27 de marzo de 2011

¿De qué adoleció...?

¿De qué adoleció 
la mujer aquella? 
Del mal peor: 
del mal de las ausencias.

Y el hombre aquél.

¿De qué murió 
la mujer aquélla? 
Del mal peor: 
del mal de las ausencias.

Y el hombre aquél.


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Mh.

4 de marzo de 2011

When you're in your darkest hours 
                                                seek the embrace of the night



                                                                  open up to all its powers
i'll show you whats behind the light.

3 de marzo de 2011


Dicen que del verde de aquellos ojos salió la esperanza, aquella vil traicionera que se oculta a los ojos de aquellos pobres diablos. Aquellos que esperan sentados su venida, su

don de desatar nudos, su esencia de paz.
Pero ella jamás visita a quienes alguna vez la traicionaron a ella. 
Y aquellos pobres diablos se desesperan,
 pensando que jamás hicieron nada malo para merecerlo.
A veces me pregunto sinceramente qué hice. 
Pero es inútil, o ilógico mejor dicho.
 Si en verdad  sé lo que hice...
 Pero muy bien me lo he callado. 
He traicionado a la esperanza. 
Pero una vez desatado el monstruo de la pasión, no hay rencor que valga.  Tentaciones, vicios… ¿Realmente valen la pena cuando ella vino y plantó un ideal hermoso en mí? ¿Realmente importan cuando se te da la oportunidad de hacer maravillas con ese abstracto 
porvenir? ¿Y si la esperanza te dice que contemples a una persona, a un compañero de vida?
No me queda más que reprochar que mis torpes realizaciones de aquél bello y único ideal.

No me queda más que reprochar.

Miró fuera .

Miraba. Lo daba vuelta. Lo volvía a mirar. Lo torció, cortó, pegó y volvió a torcer.
Buscaba insistentemente.
Llegó un momento que ni agua tomaba. Necesitaba encontrar eso.
¿Qué era en verdad lo que buscaba con tanta pasión y esmero? Ni ella sabía.
Sólo deseaba encontrarlo ahí, en su reflejo.
Pero jamás se dio cuenta que  lo que quería encontrar, debía de ser buscado en otro lugar.
Murió con el cristal en sus manos, emanando suaves gotas por doquier.
Desencantada, tarde se dio cuenta de que errada miró fuera; miró sin mirar, buscó sin buscar.
En vano fue todo, pero ya no brillaba para ese entonces.
Eras figura concisa de fácil desenvoltura, 
y más aun de alcanzar
proyección en piedra, sonrisa perenne 
quién fue el que es ahora la sombra etérea
dueña de aquel respirar indeciso, 
sin ánimos de dejar ir o bienaventurar.
Una suerte de ondina que en su último empapado sueño fue recordada.
Tardíamente, pavorosamente... con suerte de resquemor.