28 de noviembre de 2011

nomeolvides.

Todavía no me puedo dormir.
Quizás es mi consciencia la que sigue despierta pero yo estoy en otro lugar, 
muy lejos de acá, 
tratando de huir de mí misma. 
Quizás nunca vuelva, presa del orgullo. 
Quizás vuelva con la cabeza gacha, en la lluvia,
cuando todo el mundo ya no esté.

El rencor es xerófilo, perenne, parasitario.

Eso leí en una nota arriba de la mesa de luz de ella cuando de repente sentí un escalofrío que no tenía nada que ver con la temperatura ambiente. Ráfagas de viento azotaban furiosas contra las ventanas que luchaban fieramente para no dejarlas pasar y que todo se vuelva aún más frío de lo que estaba.
No fue necesario llorar, ni consternarse, ni llamarla. Sabía dónde se había ido; sabía quién la había venido a buscar después de tanto implorar. Estaba todo tal cual lo recordaba: retratos, una limpieza obsesiva y ese constante olor a nomeolvides que tanto añoraba ella. Libros en los que se refugiaba noche y día para huír, para  internarse en esos mundos paralelos de amigos que jamás la abandonarían porque jamás morirían, inmortales en alquellas ásperas y mohosas páginas de pasión, miedo y locura.
Pienso que ella jamás debió nacer, sino ser un personaje que encarnara la viva historia de una montaraz de las solitarias alturas nevadas, sola con su remordimiento, con su miedo, con su cuerpo sin vestiduras cubierto de aquellas flores azules y pequeñas, emanando esa libertad que tanto le arrebataron sus propias decisiones, sintiendo la nieve derretirse a sus pies a causa del calor que despide pero que nunca le dedicará a nadie, salvo a aquel que la salvó de vivir en el mundo real que el destino erradamente le deparó y llevarla en sus brazos al suyo: de papel, párrafos, puntos y capítulos.



Esa debía ser ella. 
Ella, escrita en páginas de pasión, miedo y locura.

13 de noviembre de 2011

corrí, me escapé, me encubrí en mentiras
parecían saber exactamente hacia donde quería ir
pensé que era yo la única que me podría encontrar
una no me aterrorizaba, era yo misma
la otra hacía que se me erizaran los pelos, los nervios
sabía exactamente dónde quería ir
no dejaba que mintiera más
derrumbó todo, y me hizo observarlo
aún así no se contentó, me persigue y trata de seguir
esa segunda sombra no parece querer irse
hasta que yo no sea yo de nuevo
hasta que yo no sea alguien que me pareció ser
pero que jamás fui
solamente cuando quería que observaran mi fachada
y no mi verdadero yo.