22 de junio de 2011

We die young .

Un día se levantó. Era un día de barro y humedad, de los que no ayudaban a su ánimo. Prendió un cigarro, desparramó cenizas por doquier. No importaba, un poco de suciedad acá, allá, más arriba o abajo no era problema. Alguien algún día limpiaría. En una mesa repleta de libros que garabateaban una realidad intangible se avisaba un borrador. Ése que lo había tenido días y noches despierta, bajo la luz de un velador. Ella era un aborto de intelectual, aunque más atrás haya sido una brillante defensora del saber. Su cerebro se apagó paulatinamente. Todavía en ropa interior, se aproximó a la alacena y sacó una de sus petacas. Su cocina estaba llena de vasos sucios, donde el olor y el sabor a alcohol ya estaba impregnado para siempre. Se sentó en un sillón sucio y desprolijo, prendió la tv y puso el canal de los chismes. Se le rompió el vaso y el irlandés que tenía dentro se desparramó por la alfombra llena de pedazos de cenas anteriores. ¿Pero qué importaba? Algien algún día limpiaría.

1 de junio de 2011

Un solo rizo ocupaba una frente llena de arrugas.En sus grietas se atrincheraban pesos que fueron repartidos sin contemplar que la criatura todavía no había empezado a andar.


Un SOLO bucle azabache dentro de semejante inmensidad yerma, sin promesas. De semejantes espejismos que, recelosos y deshidratados, no devolvían sino la deformidad de una pureza que le había sido prestada.


Aquél bucle, aquél acto inocente, aquellos pasos sordos a cualquier lugar.
Aquél retazo de pelo que la salvó del celeste, de la tundra, de lo profundo, de lo vacío y hueco.


Solamente aquél rizo azabache fue quién la aisló de lo triste que es pudrirse en el blanco y el negro.