Hay olor a tristeza, a calle, a humedad...
Esa lluvia no es lluvia. Son lágrimas
y ese piano que canta un do, imitando al agua
es loco, es amargo, es suave
y el acordeón también lo persigue
con aquéllos gritos de viejos que al compás de la vida
mecen el pie y lo golpean contra el suelo empapado y lleno de recuerdos
que no son recuerdos.
Son imágenes borrosas, pintadas a las apuradas. Ni siquiera en el fin pudimos llegar a mirarlas y a comprenderlas del todo.
Son imágenes borrosas, pintadas a las apuradas. Ni siquiera en el fin pudimos llegar a mirarlas y a comprenderlas del todo.
