27 de febrero de 2011

Elegías errantes .

en tiempos aciagos recurre a la tranquila palidéz de las páginas
nada ha de rozarte allí, más que elegías errantes
versos sin algún arte más que el de susurrarle a las cansadas mentes
y el de llevar sus subyugados intentos de lo que alguna vez soñaron, lejos
donde Alguien las cargue y condene de finito.

15 de febrero de 2011

Es allí donde ella aprendió que es una cosa momentánea, frágil, cual figura cristalina, cual criatura sin huesos. Ella en su habitación había armado un mundo, donde la pluma y el pergamino no hacían más que vomitar cosas insulsas, cosas que decían ser amor. Desde su ventana veía a bellos cisnes surcar el cielo con libertad, y ella de vez en cuando anhelaba poder ser como ellos. Pero luego se le pasaba al ver, sentir, palpar, probar aquella cosa que ella creyó era cariño. Ella se hamacaba sobre todos aquellos sentimientos tan esponjosos y felices porque pensaba que esos sentimientos JAMÁS se iban a romper. Pero entonces aprendió. Y aprendió al caerse. Y se dió cuenta que  ella no habitaba en un mundo, ella habitaba en un espacio contenido por cuatro muros, cuatro muros de un espesor desesperante. Ella cada día los extendía más, y más y más. Ella dejó de caminar por entre los caídos harapos de las rosas, y pisó espinas. Pero no le dolió. Ya las había pisado antes, y hasta había dormido en ellas. Y se acostumbró, y entonces pensó: 'como antaño.'

5 de febrero de 2011

Firmes garras.

Es la necesidad de tenerte entre mis manos, de atarte, de enredarte sutilmente, de asfixiarte, pero de tenerte vivo por más que sea ínfimamente para saber que estas en mi poder. No es por amor, es solamente por tiranía. No es por odio, es solamente posesión. No es estima, es subyugación. Y cada vez que caés entre mis rejas, eufórica me vuelvo,  y esa euforia hace que mi conciencia diga que eso no es placentero para vos... Pero es un teatro constante. Máscaras y fachadas de acero son nuestras vestiduras diarias, pero poco me ha de interesar, porque estás dentro de mis dominios. Tarde te diste cuenta de que mis brazos, hábilmente disfrazados, eran calabozos herméticos de los cuales es imposible escabullirse.
 Es la obeja que se lleva al matadero sin que ella sepa que está siendo conducida hacia el fin de su prisión carnal; es la niña corrupta por algún neurótico en altas horas de la madrugada. Eso sos. A veces me duele asumir que te das cuenta lo que verdaderamente soy, ese dragón guardián de la torre, receloso y ponzoñoso...Pero en vano me preocupo.







¿Dejarte ir? Tenés cadena perpetua mientras me sienta orgullosa de decir que mi respiración todavía no ha cesado.



Je n'aime pas dans les vieux films américains 
quand les conducteurs ne regardent pas la 
route.