7 de marzo de 2010

Der buch. {pt. II}

Eleanor prendió velas.

A pesar de que la estábamos pasando realmente bien, notaba que Eleanor no era la misma. Miraba insistentemente, pensando que no la veíamos, a la casona gitana y luego se estremecía. Cassie se dio cuenta de uno de los temblores, e hizo un gesto con la mano, en señal de pregunta. Ella contestaba que tenía sueño y que la filosofía le daba calosfríos. Siempre con su sentido del humor habíamos logrado llevar los peores y mejores momentos, pero en cada acto que ella llevaba a cabo allí había una nota de nerviosismo y miedo que Cassie ignoraba. Algo estaba pasando, pero no me atrevía a preguntarle qué era y tampoco sabía deducir exactamente qué. Pasada media hora, desistí en averiguar el por qué del extraño comportamiento de Eleanor y seguí leyendo:


"...concepto del deber no necesita poner como fundamento fin particular alguno, sino que también sustenta"...    -Elea mira a Cassie como con culpa y golpea con los dedos la mesa, nerviosa...- "...otro fin para la voluntad humana, a saber: el de contribuir con todo su poder supremo"... -Voy a ir al baño- dije. Ahí me podré pegar una escapada a la cocina y preguntarle a Ludo si algo ocurre con Elea; pensé, y cerré el libro.


Anuncié que iría al baño. Elea me indicó que había uno al final del pasillo que llevaba a la cocina. Al notar mi cara de sorpresa (yo ignoraba la existencia de tal habitación) ella me dijo que evitaba esa parte de la casa. "Bien" -me dije yo- "otro enigma más". Me abrí paso en el estrecho pasillo y prendí la luz. De la biblioteca se escuchó cómo una silla se corría. Al haber iluminación, reparé en las paredes color pastel, las cuales rebozaban de fotografías, a mi parecer todas viejas. En la mayoría de ellas aparecía una niña -indudablemente Elea de pequeña- abrazada a una mujer con sus mismas cejas pobladas y su lunar en el bozo. No podía ser otra que su madre, ya que Elea no tenía hermanas ni tías en el país, por eso no las conocía. Decididamente, me volví para encaminarme a la cocina y al volverme noté que había cientos de cuadros más con la abuela de Elea (según el marco, la foto había sido tomada tres días antes de su muerte, hacía 16 años), con Ludo, y con un hombre muy apuesto, con el mismo color de ojos y cabello que Elea. La mujer lucía un elegante vestido suelto, y estaba embarazada. Embargada de curiosidad, apreté el paso y al llegar al rellano de la escalera, escuché a Ludo (quién había abandonado su tono afable y parecía muy enfadado, y, a su vez, con miedo) replicarle a una mujer que saliera inmediatamente de su casa. Ludo estaba posicionado de forma tal que yo podía verle la cara, mientras que la alta mujer me daba la espalda. De repente Ludo gritó:


- ¡Salí de mi casa, asquerosa gitana!


La mujer pareció pasar el comentario por alto, y, dándose vuelta, dijo con determinación:


-Vengo a buscar a mi hija.


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perdón que sea tan soreta y lo haga en partes, pero me canso
de copiar :P