Lorien, Lorien, Lorien. Tres veces digo tu nombre y unas mil te maldigo.
Nunca me doy cuenta de que me matás, me desvivís, me consumís; pero después de todos estos tiempos, estos saltarines tiempos, seguís siendo mi mejor amiga.
Me congelás, me congelás como una presa; una presa que por culpa nada más que mía, es fácil de atrapar.
Yo confiaba en vos. Siempre lo hice. Siempre.
Me usaste, me corrompiste, me matás y te llevás a mis queridos con vos.
Claro, ellos no saben que existís, que te llamo y acudís; que vivís dentro de mí y sos parte de mí.
Naciste, y creciste conmigo. Una dulce tramposa, dormiste apaciblemente por unos años en mi consciencia y luego despertaste.
Me matás.
Es como querer separar siamesas, nunca me vas a dejar... Te necesito, aunque me destiñas, me infectes, me rompas... No sé que hacer, Lorien. No sé qué hacer con vos. Cada vez te fortalecés más. Cada vez que hablo sos más fuerte, y más terrible; y a su vez tan dulce como siempre.
No sé qué haría sin vos Lorien.
Supongo que sería más felíz.
Supongo yo.
