15 de marzo de 2010

Der buch. {pt III}

Se me congelaron las piernas. Era la madre de Eleanor, aunque mucho -muchísimo- más demacrada que en las fotos. Ahora su cara no expresaba más que tristeza, y sus ojos, llorosos y canelas (debajo de los cuales se situaban sendas ojeras) decían claramente que la vida no era felíz para todos por igual.

Luego, pasando de la tristeza y la congoja , la mujer se transformó y bramó, hecha una fiera:


-¡Las cartas no se pueden pasar por alto! No; y nadie, ni un anciano inutil como vos lo va a permitir.

- ¡¡MI NIETA NO VA A MORIR NI ACÁ NI AHORA!! ¡Mi nieta va a morir felíz, y vieja! ¡Amada por sus hijos, y los hijos de sus hijos! Si VOS no probaste ese camino es TU problema. Decidiste jugar a las cartitas antes de amar y cuidar a la criatura qque VOS diste a luz. ¡¡¿¿PROFECÍA??!! ¡NO SOS MÁS QUE UNA MUJER HORRENDA! ¡UNA ESTAFADORA! ¡¡¡¡¡¡UNA PUTA!!!!!


Esa fue la gota que derramó el vaso. La mujer miró al anciano con fijeza, y, con los ojos echando llamas, lo agarró del cuello y lo levantó unos 5cm del suelo. Luego, dijo apretando la mandíbula tan fuerte que casi no se le entendía:


- Si preferís que muera de manera más horrenda, aseguro que lo considerarías como algo del destino. La muerte de mamá se pudo haber evitado, asqueroso idiota, pero no me hiciste caso. Ojos que no ven, corazón que no siente. Apartate, o va a ser demasiado tarde. Ludo trataba pobremente de librarse de las garras de su hija, pero a los pocos segunfos, profirió gemidos que resultaron ser los últimos que pronunciaría:


-An...ge...lique...


Y con un ruido sordo cayó al piso desplomado. No respiraba. La mujer avanzaba a la escalera dónde yo estaba. Debía correr, correr hacia donde Elea y advertirle. Tomé aliento u me dirigí a toda prisa hacia la biblioteca. La mujer debió haberme oído, porque también apretó el paso. Atravecé la puerta de la biblioteca, la trabé y cerré a ciegas. Las velas se habían apagado. No se veía nada.


- ¿Elea...? ¿Cassie...?


No hubo respuesta alguna. Con un vuelco en el corazón, sentí que se volvía a abrir la puerta que daba al pasillo. En ese mismo instante volvió la luz y lo ví.
Ví la escena más desopilante del mundo. Eleanor, un cadáver, flotaba en el acuario con una expresión de horror y sorpresa impresa en su blanca cara. Luego oí lo que se pareció a alguien corriendo y subiéndose a una silla.


Cassandra, desde arriba, me dirigió una última mirada, y con voz gélida y potente dijo:


-Voy a volver por vos.


Colocó la soga en la que yo no había reparado alrededor del cuello y saltó. Sus pies tardaron menos de 5 segundos en dejar de retorcerse.






Angelique seguía allí. No lloraba. Simplemente miraba el cuerpo sin vida de su hija con lejana tristeza. Su cuerpo flotaba fantasmalmente. Luego, Angelique se acercó al acuario, le besó la frente a su muerta hija y se cubrió la cabeza con una capa negra andrajosa; saltó por la ventana y echó a correr por la desierta calle. Con la misma rapidéz con la que ocurrió todo, sentí un frío espeluznante y me desmayé.

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falta la última parte gente, perdonen pero ando ocupadísima u.u