15 de octubre de 2012

Qué hermoso aquél repique de campanas. Me llamaban, yo gustosa iría pero sigo sin poder salir.
Cuido de mi hermoso jardín aquí, donde estoy tranquila. Ella me habla. Hago caso omiso; suele ser muy vanidosa y mentirosa con tal de que yo le diga que es la más bella de todas. Es una rosa excepcional, carmín, muy sagaz. Es un día perfecto, pero estoy cansada como para creer en las mareas del tiempo, del sueño. En esta vigilia del alma escucho otra vez el repique. Sí, la lluvia se lo ha robado a las campanas. Algo han de anunciar ambas, ¿no?

Por favor, no sonrías.
 Yo creo en el ayer.