Suelo acariciarme inconscientemente donde nace el cabello; a veces es como transportar su Mano desde las cuadras que nos separan al lugar donde estoy y pensar eso. Sí, eso, nada más.
Pero son segundos, los efímeros segundos que dura esa caricia involuntaria.
Con poca gana vuelvo a mis pensamientos anteriores y desisto de aquellas penosas teletransportaciones imaginarias. No digo que estoy sola porque sino mi mano seguiría pegada ahí, donde nacen los cabellos.
Es una especie de consuelo que no consuela.