3 de noviembre de 2013

La lágrima que cura

En un cajón esperó silencioso todos estos días. La llamó sin decir ni una palabra, y cuando ella estalló, lo fue a buscar. No le interesa que lo utilicen, para eso él está. La acarició, cerca de 9 veces en el antebrazo derecho. Ella dejó de llorar. Preparó aquél te de rosas que tanto le gusta, y al doblar el brazo, sintió el ardor. Con el resto de las lágrimas que cubrían su cara, lo curó. Las esparció de extremo a extremo, suavemente, como cuando de chica, tu madre te cura una raspadura con desinfectante y te dice que todo va a pasar.

Fue la primera vez en su vida que quiso enmendarse una herida que ella misma se hizo.