Un solo rizo ocupaba una frente llena de arrugas.En sus grietas se atrincheraban pesos que fueron repartidos sin contemplar que la criatura todavía no había empezado a andar.Un SOLO bucle azabache dentro de semejante inmensidad yerma, sin promesas. De semejantes espejismos que, recelosos y deshidratados, no devolvían sino la deformidad de una pureza que le había sido prestada.
Aquél bucle, aquél acto inocente, aquellos pasos sordos a cualquier lugar.
Aquél retazo de pelo que la salvó del celeste, de la tundra, de lo profundo, de lo vacío y hueco.
Solamente aquél rizo azabache fue quién la aisló de lo triste que es pudrirse en el blanco y el negro.