3 de marzo de 2011


Dicen que del verde de aquellos ojos salió la esperanza, aquella vil traicionera que se oculta a los ojos de aquellos pobres diablos. Aquellos que esperan sentados su venida, su

don de desatar nudos, su esencia de paz.
Pero ella jamás visita a quienes alguna vez la traicionaron a ella. 
Y aquellos pobres diablos se desesperan,
 pensando que jamás hicieron nada malo para merecerlo.
A veces me pregunto sinceramente qué hice. 
Pero es inútil, o ilógico mejor dicho.
 Si en verdad  sé lo que hice...
 Pero muy bien me lo he callado. 
He traicionado a la esperanza. 
Pero una vez desatado el monstruo de la pasión, no hay rencor que valga.  Tentaciones, vicios… ¿Realmente valen la pena cuando ella vino y plantó un ideal hermoso en mí? ¿Realmente importan cuando se te da la oportunidad de hacer maravillas con ese abstracto 
porvenir? ¿Y si la esperanza te dice que contemples a una persona, a un compañero de vida?
No me queda más que reprochar que mis torpes realizaciones de aquél bello y único ideal.

No me queda más que reprochar.