31 de enero de 2011

el señor de las rosas.

Asunto netamente pasional es que la rosa se entregue frágilmente al otoño
 cuando a viva conciencia sabe que éste, por la espalda, la va a desnudar,
 corromper y herir de muerte. Él nada aguanta que sus ojos transformen su hermoso 
color en sepia, entonces con desquite y hasta el cansancio, barre los retazos 
de vestiduras de su voluntaria víctima, para que luego con agonía y culpa, viaje y sea 
reemplazado por otro crudo y frío asesino.