1 de febrero de 2012

concierto para violín en re mayor.

Subía y bajaba como si en verdad, a los 30 minutos de haberlo hecho, lo fuera a echar de menos. Te echaría de menos. Ah sí, estaba hablando de mi pecho. Me paro con orgullo.  O en realidad no, sigo sentada. Hace calor, pero no importa. Esa pluma en mi hombro me refrigera. Ya pronto la voy a hacer visible,a la pluma.
Fue un concierto en re menor. Un aborto de sentimientos. Lo nuestro, digo. Rápido, turbulento, eufórico y… y para dejarte satisfecho. Siempre. Cuánto vértigo, ganas de bailar, ganas de destruir. De golpearte. Rasguñarte. Morderte.
Un arco desgastado y cansado de cambiar tan bruscamente de tono. Se subleva y toca su propio concierto. En re mayor, sí. Yo. Imponente. S o b e r b i o .
Con cada una de mis finas hebras. Alguien  vuelve tocarme otra vez. Me sostiene firme en una mano y me hace gemir de angustia y agudeza. Es ahí cuando un éxtasis me aniquila, llegando al orgasmo de la última nota, y ahí sí. Finalmente descanso tranquila, ahora audiencia de un maravilloso concierto, y no parte de él. Personificación de un arco. De un asco, perdón.  No deja de ser un hermoso asco que corre desesperado y salta. Y fin. Último de los movimientos; no el primero ni el último de los intermezzos y espero que último de los comienzos con otro alguien. Otro. Otro asco, como yo que se siente a las 3.38 a.m y escuche un concierto para violín en re mayor.