Otras odio, otras amor, otras sueño, otras desesperación.
Pero lo que más encuentro es...
Es nada. No quiero volver a encontrar nada. No la pasé bien cuando
caí que al fin de todo sueño que perseguía encontraba nada. Nada, vacío, negro, blanco... Nada.
Quizás todavía espero ver que esos sueños que nunca abandoné, y que al no cumplirlos encontraba nada, son exactamente eso, vacío. Son un parche para cuestiones más interiores, más abismales.
Pero de nada sirve replantearme esto, porque mis prioridades ya están impresas en mi cerebro. Duramente voy a suplantarlas por otras más humanas, más gratificantes, unas prioridades que hagan mi felicidad y NO la de los demás...El egoísmo también ocupa parte de mí. Gran parte.
Sin él no estaría viva. O con él también corro el riesgo de que éste mismo me termine de matar.
Más de una vez lo ha intentado, y me culpo a mí también por haber sucumbido a la tentación de ayudarlo.
¿Quién no quiere vivir felíz para siempre pero sin un problema que nos agobie día y noche?
Nosotros, los cobardes.
Nosotros, los que no tenemos poder de superación.
Nosotros, los desesperanzados.
Esa cosa abstracta la cuál todos persiguen, ¿por qué se esconde tanto?
¿Será que es cosa de valientes enfrentar todo un viaje de aventuras y desventuras para alcanzarla?¿Se llega a ella realmente?
Dicen por ahí que la vida no es felíz. Sólo está llena de momentos colmados con una cucharada de ella.
