6 de abril de 2010

Dreamland.

Tengo ganas de recrear un territorio; un territorio que nunca exploré dentro de mi mente. No al menos que mi memoria quiera ayudarme a rememorar.

Quiero que en ese territorio los seres vivientes estén fuera de las patéticas limitaciones de la gente sin ganas de soñar. Quiero que la libertad de volar sea no La Utopía, sino una maravillosa y sedosa realidad.
Quiero abrir ventanas y ver asomarse por sobre las parcelas de hierva virgen a un unicornio. Ir a recolectar manzanas maravillosas, con asombrosos poderes. Quiero tocar una flor, y que se desperece sobre mi palma, perfumándome.
Ver dragones emprender su imperial vuelo hacia su tierra por allá en las cuevas vulcánicas, esperando que algún valiente jinete sea llamado por su destino y naveguen los cielos como alguna vez lo supe hacer yo.
Que el tiempo sea un lindo juguete, sin apuros ni lentitudes; sino un tiempo soñador, una eternidad eterna.


¿Soy capáz de darme cuenta de que todo esto alguna vez estuvo en mi mente? ¿O será que me he vuelto "demasiado madura" como para no volver a soñar? Temo que no, que volví a mi país. Pero no a mi país, a mi Matria; sino a mi reino, a mi territorio de acordeones risueños y gaitas gritonas, donde todos bailan al son del cantar de alguna ninfa; donde todos escuchan los cuentos de aquél viejo y sabiondo duende.


Nunca dejé de visitar ese país; nunca lo voy a dejar de hacer. Es lo que me mantiene con esperanzas: el saber que soñar hace la libertad y mi realidad.