Es una ironía. Es una estúpida ironía que al calor de un sol primaveral y el humo del tabaco esté pensando en ese tema que tanto me abstrae cuando me lo propongo y/o me acuerdo; me toma la cabeza, como el ansia por un cigarrillo.
Me absorbe, me quema... pero me encanta.
Esa necesidad de encenderlo y consumirlo aún sabiendo que a la larga es perjudicial.
Dicen que el amor verdadero no duele.
Dicen que los vicios sí.