Es la necesidad de tenerte entre mis manos, de atarte, de enredarte sutilmente, de asfixiarte, pero de tenerte vivo por más que sea ínfimamente para saber que estas en mi poder. No es por amor, es solamente por tiranía. No es por odio, es solamente posesión. No es estima, es subyugación. Y cada vez que caés entre mis rejas, eufórica me vuelvo, y esa euforia hace que mi conciencia diga que eso no es placentero para vos... Pero es un teatro constante. Máscaras y fachadas de acero son nuestras vestiduras diarias, pero poco me ha de interesar, porque estás dentro de mis dominios. Tarde te diste cuenta de que mis brazos, hábilmente disfrazados, eran calabozos herméticos de los cuales es imposible escabullirse.
Es la obeja que se lleva al matadero sin que ella sepa que está siendo conducida hacia el fin de su prisión carnal; es la niña corrupta por algún neurótico en altas horas de la madrugada. Eso sos. A veces me duele asumir que te das cuenta lo que verdaderamente soy, ese dragón guardián de la torre, receloso y ponzoñoso...Pero en vano me preocupo.
¿Dejarte ir? Tenés cadena perpetua mientras me sienta orgullosa de decir que mi respiración todavía no ha cesado.
